martes, septiembre 9
viernes, agosto 22
Caminos
No se me ocurren mas que preguntas para esta historia. Me siento atrapada sin salida y veo como los otros esclavos llegan y sonríen y no gritan. ¿Por qué sonríen? ¿No se saben condenados a la vida? ¿Cómo no les pesan los párpados? ¿De dónde sacan fuerza para caminar?
Somos los mismos, tenemos el mismo paso y camino, pero ellos sonríen y yo no encuentro motivos. Sólo preguntas.
Somos los mismos, tenemos el mismo paso y camino, pero ellos sonríen y yo no encuentro motivos. Sólo preguntas.
viernes, julio 4
El cadáver calcinado de una garrapata
Tanta muerte ya me dio hambre.- Le escuché decir esa mañana. -¿Cómo no te da asco decir eso con lo que acabamos de hacer? estás bien pinche loco.
-¿Y tú crees que la carne asada que te atascas no es un cadáver calcinado también? Hasta se me hizo agua la boca...
-No mames pendejo, es bajo un contexto muy diferente, además, ¿qué carne puede tener esa madre?
-No sé, a lo mejor todo esto que acabamos de quemar sería un manjar para un simio.
-Te la mamas.
-That's what she said...
-¿Le entrarías a un perro?
-¿Cómo?
-Así güey, que si te comerías a tu perro.
-¿Asado?
-Pues órale güey, que ya hace hambre.
El callejón se llenó de ese humo negro que va perseguido por el fétido olor de la carne y pelo socarrados. Ese mismo aroma atrajo a Elmer, el vagabundo del barrio, se acercó sin decir nada. Sus ojos agachados reflejaban el hambre y la súplica. -Llégale güey- Le dijimos.
Apresurado se agachó junto a la hoguera y comenzó a descuartizar esa figura carbonizada, que aún tenía reflejo en las patas y un movimiento suave en sus párpado parecía revelar que observaba cómo sus miembros le eran arrancados sin pudor. Al menos así me lo parecía. Elmer semejaba una hiena hambrienta o un buitre comiendo carroña.
-Apuesto que su cabeza es nido de manjar de simio también.
Ese fue el epitafio final antes de volvernos buitres.
-¿Y tú crees que la carne asada que te atascas no es un cadáver calcinado también? Hasta se me hizo agua la boca...
-No mames pendejo, es bajo un contexto muy diferente, además, ¿qué carne puede tener esa madre?
-No sé, a lo mejor todo esto que acabamos de quemar sería un manjar para un simio.
-Te la mamas.
-That's what she said...
-¿Le entrarías a un perro?
-¿Cómo?
-Así güey, que si te comerías a tu perro.
-¿Asado?
-Pues órale güey, que ya hace hambre.
El callejón se llenó de ese humo negro que va perseguido por el fétido olor de la carne y pelo socarrados. Ese mismo aroma atrajo a Elmer, el vagabundo del barrio, se acercó sin decir nada. Sus ojos agachados reflejaban el hambre y la súplica. -Llégale güey- Le dijimos.
Apresurado se agachó junto a la hoguera y comenzó a descuartizar esa figura carbonizada, que aún tenía reflejo en las patas y un movimiento suave en sus párpado parecía revelar que observaba cómo sus miembros le eran arrancados sin pudor. Al menos así me lo parecía. Elmer semejaba una hiena hambrienta o un buitre comiendo carroña.
-Apuesto que su cabeza es nido de manjar de simio también.
Ese fue el epitafio final antes de volvernos buitres.
domingo, junio 22
Desde el call center
¿A qué le sonrie un agente? ¿A una pantalla fría? ¿A una conversación mecanizada? ¿A los insultos racistas del gringo? ¿Al recuerdo del exterior? ¿A la frivolidad de los agentes superiores? ¿Al deseo de encontrar algo mejor? ¿Al cheque que llega más pequeño de lo esperado? ¿A la patada en el culo que los estudios superiores le ofrecieron al querer ejercer? May i take your answer as a "yes"?
domingo, junio 15
Adiós
A mí no me emocionan
las drogas. Lo hago cuando me dan ganas
pero sobrevivo sobria la mayor parte del tiempo. Él necesitaba su dosis de LSD para
funcionar en el día. A ello le sumaba un gallo, mucho aguardiente, y de vez en
cuando un pase o dos. Pero el LSD era fundamental en su día. Yo no sé qué
visiones o sensaciones le producía que le hacía su vida bohemia mucho más relajada. Además, escribía
virtuosamente. Tampoco sé si se debía a las drogas, pero yo apostaría más por
el trabajo arduo y la pasión.
Yo odio escribir,
decía. Que lo siga odiando, pero que no lo deje, siempre pensé. Él no entendía
por qué me permitía estar tan triste, estresada, enojada con la vida, si ahí
estaban los instrumentos para desaparecerlo todo, pero yo nunca quise colocarme
enfrente de él, nunca pude.
Él no se daba cuenta
pero llegaba a ser pasivamente agresivo. Cuando le mostraba mis escritos llenos de
lugares comunes se alteraba mucho, no lo demostraba con palabras, pero lo veía
en sus ojos y en el movimiento de sus manos. Daba miedo en esos momentos. Se
sentaba en la orilla del banco con el cuento en una mano y el lápiz en la otra -Hay
que chambear más. Siempre reprochaba.
A veces llegaba y me
hablaba sobre escritores que yo no conocía y sólo me quedaba callada escuchando
atenta. A sus preguntas siempre respondía una sonrisa tímida que a él
desesperaba de inmediato y mejor buscaba alguien más con quién hablar. Yo
pensaba “no me preguntes, no sé nada”.
Pero me gustaba mucho su manera de describir los textos, tan plástica,
tan gráficamente, como si él mismo fuera el autor.
Una vez después de un
encuentro de escritores, fuimos a un hotel donde se quedaban los participantes
extranjeros. En los cuartos había toda clase de drogas, y muchas de ellas
estaban patrocinadas por él. No compraba zapatos nuevos pero nunca le hacían
falta sus dosis, hasta para compartir.
Lo vi meterse al baño y
no lo vi salir hasta mucho después. Tenía la pupila grande y platicaba como
distante, cada vez más lejano. De pronto se sentó en la cama y empezó a
balbucear cosas, no estoy segura pero creo que eran los diálogos de Pedro
Páramo. Hasta que quedó como televisión en estática, al menos así imagino el ruido en su
cabeza. Y escapó, al fin, del mundo y de su vida bohemia.
jueves, junio 12
Muda
Absurda la noche
húmeda y ridícula
marea sin sentido
en la habitación.
Y tú sin desvelo,
con párpados ánclas
burlones párpados,
indiferentes.
Y yo sombra apenada,
con suspiro apenas
pero siempre silenciosa.
A tu lado,
fiel y firme roca.
No pasa nada.
No mientras dure la noche
hoy, mañana,
en el desierto.
Donde me funda con el polvo
o me vuelva a los cerros.
Pero nunca a la altura
de tus expectativas.
Muda para ti,
una roca.
miércoles, junio 4
Diálogos
La televisión no la disfruto nunca pero
la utilizo como método efectivo para que sus ruidos acompañen mi soledad. Los
ruidos externos me ponen muy nerviosa, siempre imagino que hay alguien o algo
ahí fuera que espera atacarme, y que sabe perfectamente mis horarios y mis
hábitos, por eso atacará en el momento en el que me encuentre más vulnerable.
Hace seis años tuve un ataque
nervioso a causa de esto, tenía doce años y le lloraba a mi mamá por el
teléfono rogándole que viniera a casa, que esta vez sí había alguien en la
ventana –No, no lo vi, pero puedo sentir su respiración a través de las
paredes.
Era absurdo, siempre
estaba sola. Me compró una televisión y me di cuenta que sus conversaciones
distraían mi cabeza, no me interesaba el diálogo pero sentía que me
salvaba. Además ahora tengo un celular,
así que cuando me siento muy sola hablo con mi mamá o mensajeamos un poco
mientras acaba su turno en el hospital. Me cuenta cómo ve a otras niñas como
yo, pero claro, ellas son valientes; se trasladan al hospital y se desplazan
por la calle con un sombrero grande con flores de colores. Y yo mientras me
envuelvo en las conversaciones sin sentido que el aparato me ofrece.
Pánico, dice la
pantalla, pero no importa, nunca la veo. La prendo cuando el sol ya me está dejando
por la tarde. Puedo pasar toda la mañana sola, pero la noche me aterra. El
aparato comienza a producir gritos y conversaciones que me alteran, cuando
volteo hay fuego y una figura sangrienta se desplaza con los ojos muy abiertos.
El corazón cuando se
acelera mucho a veces me duele. Ese dolor hace una presión extraña que no me
deja respirar. Mientras los ojos se me llenan de agua la respiración se vuelve
cada vez más rápida y difícil… ya sé a dónde me llevará esto.
Una palabra es todo lo
que ocupo pero mi celular no está en el cuarto, me aventuro a girar la perilla
y echar un vistazo al resto de la casa, pero no lo encuentro. Siento como el
cuerpo se estremece como si quisiera desfallecer, y cuando volteo una luz me
atrae en la ventana fuera de la casa… es mi celular -¿A mí me buscabas?.
martes, junio 3
Visiones de la muerte
Epílogo
Anoche pasé por la calle que da a la
ventana de tu cuarto, ¿recuerdas que despertaste de pronto a las tres de la
madrugada? ¿Recuerdas con qué certeza tus sentidos te dictaban que alguien te
estaba observando? A veces crees que lo único que te acompaña son las voces de tu
conciencia, pero deberías ponerle más atención a las sensaciones espontáneas;
la piel erizada sin viento que lo provoque, el vacío absoluto aún en compañía
de otros, la duda repentina sobre la propia existencia, no reconocerte en el
espejo…
Cuando el silencio te
rodee, y te cubra una tiniebla extraña que sólo apreciarás tú, apareceré en la
puerta de tus ojos… Toc, toc, ¡Adivina quién te busca!...
*Estas fotos no las tomé yo
Metamorfosis de un alma
Yace en el lado más oscuro del
cuarto una figura cuyo aliento me recuerda que alguna vez descansé a su lado.
Dormir a su lado no es lo mismo que acostarse en la misma cama. Sube y baja su
pecho en una sintonía tan calma y tierna que vibran mis piernas, mi pubis, mi
pecho… como cuando hacíamos revolución entre las cobijas.
La guerra, al
parecer, ha llegado a un incómodo cese. Es el momento espeluznante en el que
quedo a campo abierto y la quietud y el silencio saben a muerte. Pero no estoy
muerta. No aún.
Cae la noche,
una y otra vez, todo el día. Mantengo esta quietud mientras ese pecho sigue
danzando suavemente… el alma se me desliza para no rosarle ni con el aliento.
La puerta sigue cerrada y mi viaje se delimita entre pared, techo, pared,
suelo, pared, puerta, pared. Recuerdos. Recuerdo guerra y la atesoro. Esa
luminosidad de los cañones, ese ruido de escopeta que mantenía cuerpos alerta y
de pie. Eso.
Temo que al
llegar la mañana nos alcance el holocausto. Detrás del sol se esconde la
libertad, y yo no le deseo. La mañana tiene sus propios demonios disfrazados de
cotidianidad. Es lo que más temo; que a la luz del día abra los ojos y me
busque y encuentre a su lado esta sombra que materializará en la luz en ese
insecto pequeño, sucio, cotidiano, en que me he convertido esta noche, y
entonces la guerra no tendrá más sentido, porque puede solo aplastarme, porque
puede solo dejarme y huir.
lunes, junio 2
Repugnante
El sol apenas cubría una parte del callejón cuando ella caminaba sola a casa, después de una noche larga de trabajo. Por la falda asomaba ese rincón que ya no dilataba, pero aún valía. A medida que clavaba los tacones en la piedra resbalosa de la colina, sus piernas propiciaban un suave balanceo de nalgas, que parecían bailar al compás de la melodía de sus pies. El callejón a media luz apenas respiraba; ni si quiera los cantores matutinos habían estirado las alas. La fondita todavía no olía a café, la plaza aún no se llenaba de ancianos.Del silencio salió sigilosamente una sombra cuya mano fría posó dentro de su falda. Sólo la delgada tela de la tanga interpuso camino entre su vagina y aquellos dedos ávidos de contacto. Cuando Ella volteó buscando un rostro culpable, tuvo que ver un poco más abajo de lo esperado. Ese rostro simulaba una inocencia confusa, pero bastó mirar sus ojos sólo unos segundos para reconocer en ellos una densidad que hubiera atribuido al más miserable de sus clientes. Aquél cuerpo temblaba, y ese temblor sacudió en ella algo más que el coraje. Gritó todo el aire de sus pulmones y él corrió muy rápido hasta volverse penumbra otra vez. Cuando Ella se dispuso apresuradamente llegar a casa, el golpe de las zapatillas fungió como alarma para la mañana, que con su canto, sus aromas y sus ancianos, emprendió un nuevo día.
El sol apenas cubría una parte del callejón cuando ella caminaba sola a casa, después de una noche larga de trabajo. Por la falda asomaba ese rincón que ya no dilataba, pero aún valía. A medida que clavaba los tacones en la piedra resbalosa de la colina, sus piernas propiciaban un suave balanceo de nalgas, que parecían bailar al compás de la melodía de sus pies. El callejón a media luz apenas respiraba; ni si quiera los cantores matutinos habían estirado las alas. La fondita todavía no olía a café, la plaza aún no se llenaba de ancianos.
Del silencio salió sigilosamente una sombra cuya mano fría posó dentro de su falda. Sólo la delgada tela de la tanga interpuso camino entre su vagina y aquellos dedos ávidos de contacto. Cuando Ella volteó buscando un rostro culpable, tuvo que ver un poco más abajo de lo esperado. Ese rostro simulaba una inocencia confusa, pero bastó mirar sus ojos sólo unos segundos para reconocer en ellos una densidad que hubiera atribuido al más miserable de sus clientes. Aquél cuerpo temblaba, y ese temblor sacudió en ella algo más que el coraje. Gritó todo el aire de sus pulmones y él corrió muy rápido hasta volverse penumbra otra vez.
Cuando Ella se dispuso apresuradamente llegar a casa, el golpe de las zapatillas fungió como alarma para la mañana, que con su canto, sus aromas y sus ancianos, emprendió un nuevo día.
Una vez en un avión.
El
sexo es un juego muy solitario para aquellos que entregan el alma y a cambio
reciben un cuerpo. Un cuerpo tibio que de manera lasciva entrega besos y
caricias. Cuando es así, sólo se busca acabar con placer, encontrar un
bienestar físico mediante el orgasmo.
Cuando el sexo es la expresión física
del amor, no se recibe a cambio un cuerpo sino un alma, entonces la búsqueda de
la cúspide no es el orgasmo, sino la comunión.
Entregarle el alma a un cuerpo a menudo termina con final dual: uno derramando
la semilla placenteramente, y el otro vacío, sin alma y (generalmente) sin
orgasmo.
La comunión de almas es un medio divino para el hombre, pues la necesidad
instintiva del sexo no se remite exclusivamente a la procreación o al gusto por
el mismo, sino a la expresión muda de un sentimiento mutuo, es ahí donde se
logra la conexión divina.
Por un momento somos capaces de coexistir juntos en un plano suprahumano lejos
del mundo, sus problemas y sus ruidos.
Entregarle el alma a un cuerpo a menudo termina con final dual: uno derramando la semilla placenteramente, y el otro vacío, sin alma y (generalmente) sin orgasmo.
La comunión de almas es un medio divino para el hombre, pues la necesidad instintiva del sexo no se remite exclusivamente a la procreación o al gusto por el mismo, sino a la expresión muda de un sentimiento mutuo, es ahí donde se logra la conexión divina.
Por un momento somos capaces de coexistir juntos en un plano suprahumano lejos del mundo, sus problemas y sus ruidos.
lunes, julio 4
Gafas lejanas
Hoy no hace calor
Hoy hacen unas gafas a la distancia
Hacen dolor y hacen recuerdos
Hacen risas que quisiera que vieras.
Hoy hace una foto
Nacen unas lágrimas
Porque la imagen es muy fuerte
Aunque solo sean colores mezclados
Una ilusión en la óptica.
Hoy deshace un abrazo
Deshace la ilusión de ello
Los brazos tiemblan en el aire.
Hoy llueve
Y la música de la lluvia
No te duerme a mi lado.
martes, junio 8
Parálisis del sueño
Silueta negra constante
en la muerte ilusoria presente,
aparece en el limbo de la parálisis
y tulle a este cuerpo el miedo.
Las ventanas al alma abiertas permanecen
dentro un torbellino arrasa
pero fuera la inmovilidad impera
Desesperan unas manos que creen moverse
y la fauces succionan aliento.
El alma ya no comulga con el cuerpo
que de a poco cede al desprendimiento
Ahoga en el pecho la lucha perdida
pero gana el espíritu la derrota anhelada
y se engalana la muerte al saberse bienvenida
El cuerpo ya ingrávido
no lucha
y en la ausencia de pelea
pierden valor el sueño y la vida.
en la muerte ilusoria presente,
aparece en el limbo de la parálisis
y tulle a este cuerpo el miedo.
Las ventanas al alma abiertas permanecen
dentro un torbellino arrasa
pero fuera la inmovilidad impera
Desesperan unas manos que creen moverse
y la fauces succionan aliento.
El alma ya no comulga con el cuerpo
que de a poco cede al desprendimiento
Ahoga en el pecho la lucha perdida
pero gana el espíritu la derrota anhelada
y se engalana la muerte al saberse bienvenida
El cuerpo ya ingrávido
no lucha
y en la ausencia de pelea
pierden valor el sueño y la vida.
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